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02/07/05

Post-scriptum a "La droga y el discurso..."


(II) Surge así la cuestión relativa al discurso que enuncia la experiencia de la droga. Será necesario preguntarse después de todo si existe ese discurso en el sentido profundamente foucaultiano del término: porque es posible que su existencia se disuelva fuera de la razón misma, y es posible también que sea una vitalidad infundada más allá de las enunciaciones que dejan ver las luces de la historia. En todo caso, será necesario hacer uso de ese discurso: hacer uso de él como un lenguaje excluido que ha borrado al sujeto que lo enuncia, y como la razón que resiste significativamente los embates históricos que la confabulan. Por tanto, será necesario desplegar el cuestionamiento relativo a la experiencia de la droga, y ello, en el sentido propio de su acontecimiento. El discurso de la historia y la experiencia de la droga serán relativamente proporcionales a la reciprocidad que invoca su enunciación, esa que sólo logra hacerse visible por medio de la locura.

Con este respecto, Derrida se atrevió sugerir que el pensamiento de Foucault caía en la metafísica, y que por ello se inscribía en los límites de la razón y de la locura. Esto era decir tanto como que su razón se encontraba retrospectivamente en las antípodas de la historia de la razón misma, cosa que abría la sospecha de hacer visibles las enunciaciones que significaban a la locura, esas mismas que desdoblaban el sentido de su discurso. En efecto, La Historia de la locura es una obra coyuntural para entender el pensamiento  discursivo de Foucault, pero no sólo porque en ella su voz escritural cobre toda su fuerza y constancia, sino también porque implica su inextricable recursividad: una recursividad capaz de relacionar el envoltorio de los trabajos que posteriormente realizaría.

A la luz de estos trabajos, la crítica derridiana surge como un detonante irónico que avivó la brillantez de lo que Foucault hiciera de su obra y de su pensamiento. Dicha crítica terminó por ser un preludio contrapuesto a la grandeza del pensar foucaultiano: terminó por ser un elogio adelantado de su atrevimiento, a pesar de que Derrida haya insinuado presurosamente que Foucault era un conocedor demasiado ilustrado del significado de la locura. Para su mala fortuna, en tanto que intentona crítica, la discusión que emprendió Derrida se constituyó en un velo que pudo traslucir y demarcar los contrastes dados entre una postura filosófica institucionalizada, esto es, una postura seca tradicionalmente conservadora y aferrada al deconstruccionismo, y una forma activa de pensamiento surgida de una acción transgresora y deslumbrante: una forma activada de pensamiento que acontecía a su propio sentido, y que además se libraba del denso peso de su razón. No cabe duda de que la forma activa y activada de Foucault es una forma de pensamiento que se sabe por demás resistir al sedimento que la historia significa en su discurso.

Así pues, el discurso foucaultiano es neutro: está lejos de arrojar inferencias inherentes a la representación categórica que instituye la historia. Por todo ello, en su tajante transversalidad, el discurso foucaultiano permite hacer visibles las diagonales que significan a la experiencia de la droga, siempre con el garante de soltar los sectarismos proclives a denunciarla, y siempre con la pugna de no asirse de un territorio común preestablecido en sus representaciones. De esta manera, se puede considerar la vida y la obra de Foucault como parte del discurso en sí: siempre con el fin de evitar institucionalizar su pensamiento, y siempre para librarse también de disolver la posibilidad funesta de hacer de él un decurso catatónico de la representación, es decir, para evitar enmarcarlo como una autoridad petrificada en las vitrinas academicistas de la historia.

Aplicar una lectura transversal al propio Foucault es traicionar ese estrato que encarcela y excluye a su espíritu. Entre líneas, se le puede preguntar si acaso el pensamiento se acuña más allá de la propia historia. Sólo así se podría encontrar una respuesta en la afirmación de su verdad, o en la afirmación de su supuesta pasión. Sólo así se podría encontrar entonces, precisamente en el fulgor oculto de su afirmatividad más pura, a ese rostro que se borra y que felizmente se diluye con las olas del mar. Se podría encontrar su ayuda resonante y fibrosa, esa que no podría arrojar más que nueva luz a los puntos ciegos relativos al discurrir que la experiencia de la droga conlleva. Pero las curvas del discurso no excluyen la ironía, ya que muchos años más tarde, en 1981, Foucault abogaría férreamente por Derrida, quien había sido arrestado en Praga acusado de poseer marihuana.






Septiembre 2003
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11:15 Anotado en Laboratorio de la experiencia IV | Permalink | Enviar a Email

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Comentarios

Muchas gracias por tu visita que me ha permitido conocer tu blog y a ti. He estado leyendo tus textos y veo con mucho beneplácito que te gusta la filosofía y la filosofía del lenguaje, dos de mis grandes pasiones.

Felicidades por tu espacio.

Anotado por: Magda | 02/07/05

Magda, gracias por tu visita. y gracias por los comentarios. Ciertamente, la filosofía y la filosofía del lenguaje son de mi gusto. Y qué agradable que lo sean para ti también. Creo que hay mucho que comentar de estas preferencias y de su distintos enfoques. Ojalá tengamos muchas oportunidades de compartir opiniones al respecto.

Seas bienvenida aquí cuando quieras.

Nos estaremos leyendo, seguro...

Anotado por: Adriano | 02/07/05

Ya se me olvidó qué iba a escribir al descubrir de nuevo a Magda, que admiro muchísimo y que pensé ya no tenia su blog. No sabes que alegría me dio, mi día está hecho.

Creo que este ensayo en particular es el más logrado de los que le dedicas al tema, mi impresión es que en lugar de cerrarse en sí mismo, es el espacio donde las dudas se concentran, se deja entrever un principio desconocido pero que se presiente, una libertad amniotica donde la conciencia sencillamente se libera de sus ataduras físicas... finalmente no se trata de lo que se denomina comunmente como "el problema de la droga" o incluso "el problema de la legalización" y demás conceptos mediáticos, sino que, en mi opinión, tu texto acaricia la llaga social correcta: la transformación de la conciencia y su libertad inherente.

No creo que todos los que experimentan estados alterados esten conscientes de ello, ni que cualquier sustancia genere semejante libertad (incluso lo contrario, estoy seguro que muchas sustancias están diseñadas precisamente para ser lo más dañinas posibles, lo más enclaustrantes, ¿qué mejor prisión que la prisión interior?). Pero tal frontera existe y hay pruebas de que puede ser rebasada, los psiconautas son verdaderos pioneros en un mundo nuevo, coin nuevos peligros pero también nuevas preseas... veremos hasta dónde podemos llegar...


Un saludo muy cordial mi estimado Adriano.

Anotado por: Hamletmaschine | 03/07/05

Piensa esto:
Vivimos en una cultura donde nos metemos supositorios en el culo para cagar, tomamos coca colas para despertar, enmascaramos las depresiones con prozac, los insomnios con rohypnol, las angustias con tafil. Nos cambiamos de color los ojos con lentes de contacto para sentirnos otros, nos ponemos uñas postizas, nos aumentamos tetas, nos ponemos piel de otros en los penes para que se alarguen, tomamos viagra si no se nos para, nos ponemos corrector en las ojeras para vernos frescos, nos escondemos en blogs y decimos barbaridad y media,.... todo el tiempo nos la pasamos alterando "divertidamente" nuestros estados de conciencia.
Tu mismo te drogas y te das tus baños de feromonas cada vez que te hacemos un comentario aca :)

Anotado por: noemi | 05/07/05

Hamletmaschine:

Gracias por el seguimiento de los textos y gracias por el comentario. Me gusta tu atinada percepción de lo que has leído. Pones de tu parte y haces funcionar a este experimento. No sé si sea éste el mejor logrado, como dices, sinceramente decirlo sería serle injusto al proceso escritural que lo trajo hasta aquí. Lo que sí es que este texto no resuena sin los otros...

Bueno saludos y reitero las gracias...

Anotado por: Adriano | 05/07/05